Resi-¿qué? ¿Qué es este concepto
tan raro? Más allá del nombrecito, esta capacidad engloba aspectos muy
interesantes para trabajar con nuestros peques.
Por dar una idea general, digamos que la resiliencia
habla de salir fortalecido de situaciones adversas. Todos hemos observado que
hay niños que logran superar mejor los problemas que otros ¿Dónde está la
diferencia? ¿Qué herramientas tienen? ¿Porqué algunos logran transformar lo
negativo en un crecimiento? Trabajar la resiliencia en los niños es tarea de
los adultos, que somos los que tenemos la responsabilidad de protegerles,
proporcionarles afecto, confianza e independencia.
Si queremos darle un sentido más amplio, podemos decir
que la resiliencia es la capacidad de llegar a desarrollar un estilo vital que
nos permita afrontar las dificultades con positividad, aprendiendo a crecer de
lo negativo. Tenemos muchos ejemplos de personas resilientes, como Ana Frank, o
Víctor E. Frankl:
“Si no está en tus manos cambiar
una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con que
afrontes ese sufrimiento”
(El hombre en
busca de sentido, Víctor E. Frankl)
Pero esto no solo no es fácil... ¡ es muy difícil ¡ Un
concepto que nunca se alcanza de forma absoluta y necesitamos estar continuamente
trabajando ya que siempre estamos interaccionando con el entorno. Ni que decir
tiene que es un aspecto que tenemos que trabajar en nosotros día a día, pero
aquí como siempre vamos a centrarnos en nuestros cachorrillos.
¿Cuál es el perfil de un niño
resiliente? ¿Qué aspectos debemos trabajar?
Podríamos decir que un niño resiliente tendría
características como competencia social, capacidad de resolución del problemas,
autonomía, etc, cada una de las cuales englobaría a su vez varios aspectos. La
resiliencia crecerá trabajando cada uno de ellos por separado y haciendo
verbalizaciones adecuadas.
Grotberg (1995) ha creado un modelo donde es posible
caracterizar a un niño resiliente a través de la posesión de condiciones
agrupadas en torno a tres patas principales: “Yo tengo”, “Yo soy”, y “Yo
puedo”.
“Yo tengo” nos habla del apoyo externo, “Yo soy” nos
habla de nuestra fuerza interior, y “Yo puedo” hace referencia a las
capacidades interpersonales y resolución de conflictos.
¡Vamos a atribuir súper-poderes a nuestros niños!
Dependiendo de cómo yo interprete el mundo, actuaré frente a lo que me viene.
Son múltiples y variadas
La resiliencia sería el resultado de la interacción de
los tres factores en sus múltiples formas.
Para trabajar con los niños, yo empezaría por dos
aspectos clave:
-
Que los niños entiendan qué es la resiliencia (¡no, no hace
falta que se aprendan la palabra!)
-
Que los niños utilicen las tres verbalizaciones a la hora de
enfrentarse con una adversidad (yo tengo, yo soy, yo puedo).
Vamos a poner un ejemplo:
Mi hijo (Mayor) lleva gafas. Hace poco hubo que cambiarle
los cristales (más graduación) y lo primero que pensó es que en el colegio se
iban a reír de él. Desde el momento en que una idea le hace daño podemos
empezar a trabajar (¡tan real es el daño de verdad como el imaginario!). Y
comenzamos enfrentando la adversidad con verbalizaciones adecuadas:
Yo tengo: amigos que me quieren y siempre da igual como
esté mi pelo, mi ropa o si llevo gafas o no. Una familia que quiere lo mejor
para mí y me compra las gafas para que vea bien y no me duela la cabeza.
Yo soy: la misma persona lleve gafas o no. Me siguen
gustando los mismos juegos, sigo siendo buena persona y soy igual de
inteligente.
Yo puedo: ejercer mi derecho a que nadie me critique por
llevar gafas. Pedir opinión a mis padres de qué gafas me quedan mejor. Quitarme
las gafas a ratitos para ir al patio. Decirle a mis padres si estoy preocupado
por cualquier cosa relacionada con llevar las gafas.
La resiliencia crecerá con cada verbalización adecuada.
Esto es aplicable a niños más pequeños, con matices, puesto que con los niños
pequeños generaremos nosotros las verbalizaciones.
Si un niño pequeño tiene una
rabieta porque quiere un juguete... genera resiliencia llevárselo aparte y
explicarle de forma calmada que no se le puede comprar, distraerle, ayudarle a
comprender los límites de su conducta y ayudarle a hacerse responsable,
comunicarse de su conducta. También se fomenta la resiliencia si se reemplaza
el juguete por un tiempo de juego con él de calidad.
No se fomenta la resiliencia si se le pega, o se le
regaña, si se le quita lo que sea de la mano por la fuerza... una interacción
de este tipo hace que el niño tema a la persona que constituye su fuente
principal de afecto, que sienta que no le quieren ni le comprenden.
Por último, os dejo un precioso
vídeo para enseñar a los niños lo que es la resiliencia.
¿Te ha parecido útil? ¡Comparte si te gusta!
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