Existen cinco emociones básicas, presentes en todas las culturas, y que utilizamos como forma de comunicación social: miedo, sorpresa, aversión, ira, alegría y tristeza. Las expresiones faciales de estas emociones son universales, por ejemplo, existen diferentes grados de manifestar alegría según diferentes expresiones faciales, pero todos sabemos reconocer cuando dicha emoción esta presente.
Lo que está claro es que todas las emociones pasan por el
filtro de la percepción, es decir, están sujetas a nuestra interpretación
subjetiva, por eso no hay dos reacciones iguales ante un mismo estímulo. Cuanto
más mayores nos hacemos, más filtros vamos poniendo. Primero el de papá y mamá.
Después el de nuestros profesores. También está el filtro de los amigos, de lo
que estudiamos, o del grupo de música al que vamos... Y así sucesivamente. Es
por esto que cuanto más pequeño es el niño, menos filtros tiene y más
“emocional” es (menos control tiene sobre sus emociones, que son casi todo
impulso); también por este motivo los niños se contagian emocionalmente de
forma muy sencilla, y esto les lleva también a adquirir “patrones emocionales”
(positivos o negativos).
El término inteligencia emocional, hace referencia a la
capacidad de reconocer, gestionar y trabajar las propias emociones, para así
tener el control sobre nosotros mismos. Afortunadamente, en los últimos años y
a raíz del libro de Daniel Goleman, “Inteligencia Emocional” en la década de
los 90, se viene hablando mucho de este término, aunque aún queda mucho,
muchísimo por trabajar y por concienciar.
¿Qué pasa con las emociones de nuestros hijos? Las
emociones se dan en contextos determinados, con personas determinadas, y ante
situaciones concretas, no ocurren porque sí, influyen muchísimas variables.. Y
aunque son psicológicas, tienen afectación a muchos más niveles: biológico,
social, conductual...
Vamos al lío. ¿Qué podemos hacer papá y mamá? La pauta
principal, y más importante, es proporcionar a nuestros hijos herramientas para
trabajar con las emociones de forma consciente.
Cuando proporciono una herramienta a mi hijo, quizás le
funcionará o no, no lo sabemos. Pero no por ello puedo dejar de dársela, es
nuestro trabajo como padres dotarles de armas que les ayuden en el día a día
para que aprendan, tras la experiencia, a enfrentarse a situaciones de lo más
variadas. ¡Y os aseguro que tendrán que hacer frente a todo tipo de
situaciones....!
Los niños, cuanto más pequeños, tienen menor control sobre
sus emociones, por eso tenemos que ayudarles a que entiendan lo que les pasa, y
después a gestionar esas emociones. Pongamos en práctica lo que yo llamo el método
RECS: Reflejar, Empatizar, Comprender, Solucionar. Podéis seguir estos cuatro
pasos sencillos:
1.- Reflejar sus sentimientos. Esto es, comprobar que
entendemos lo que les pasa. El niño nos podrá aclarar si le estamos entendiendo
o no, podemos utilizar frases como: “si te he entendido bien quieres decir
que... (estás enfadado porque... / te sientes mal porque... / estás triste
porque...)”. Los niños pueden sentir una emoción y manifestarla conductualmente
con otra. Por ejemplo, niños que sienten tristeza o frustración, y lo
demuestran con enfado.
2.- Empatizar con él. Esto implica ponernos en su lugar
con su situación, edad y circunstancias. Empatizando mandamos al niño el
potente mensaje de que le entendemos y estamos ahí.
3.- Ayudar al niño a que entienda lo que siente, poniendo
nombre a esa emoción, e incluso explicándola si es necesario. Si os acabáis de
iniciar en el mundo de las emociones podéis ayudaros de muñecos, cuentos o
libros.
4.- Por último y no menos importante, ayudar a generar
soluciones o alternativas cuando son necesarias . La mayor parte de las veces,
a los niños les cuesta mucho esta parte. Ellos solo ven lo concreto, por lo
tanto pensar en soluciones un tanto abstractas, sin estar participando de la
situación directamente, es algo complicado para ellos. Ofrecer de inicio alguna
solución y continuar con un “¿qué te parece? ¿se te ocurre a ti algo más?” .
Trabajar este complejo mundo emocional es clave de éxito. A veces está "mal visto" socialmente ser emocional, pero nada más lejos de la realidad. El problema no es ser emocional, el problema es que no nos ocupamos de trabajar esta parte, y los niños con con alta sensibilidad se topan constantemente con trabas en su entorno. Porque no sé vosotros pero yo, cuando me preguntan qué quiero que sean mis
hijos de mayores, respondo “¿yo?, felices...”
No hay comentarios:
Publicar un comentario