Dicen que cuando a Teresa de Calcuta le preguntaban el porqué de tanto sacrificio, habiendo tanta miseria en el mundo, y le decían que el trabajo que ella hacía no arreglaba la pobreza del mundo, ella siempre respondía... "todo lo que yo hago es una gota en el océano, así de pequeño es lo que podemos hacer, y sin embargo, si yo no lo hiciera, al océano le faltaría una gota".
Y qué razón tenía esta buena mujer. Todos ocupamos nuestro lugar en el mundo... un lugar único, individual, personalizable (si esta palabra existe!), y que deja huella.
Nuestros hijos, más aún. Porque pisan el mundo sin presiones exteriores, sin hacer las cosas por modas. Son naturales, son niños, y dura poco. Por eso debemos acompañarles en este camino siempre al lado, marcando el rumbo a demanda, desde la seguridad que proporcionamos como padres, pero sin aniquilar las funciones de la infancia. Que son muchas! Y sientan la base de todo el desarrollo posterior. Es maravilloso observar el camino que recorren nuestros hijos, y estar ahí en todas sus "primeras veces".
Es maravilloso observar como un niño en el parque se aleja de mamá y se aventura a explorar, porque se siente seguro sabiendo que mamá está detrás observándole y protegiéndole. Y también es maravilloso el niño que necesita de mamá para explorar porque aún se siente inseguro. En la diversidad está la grandeza.
Pollito solo tiene un año. Pero ya aventuro que es totalmente diferente a su hermano. Creo que os pasara a la mayoría de las mamas que tenéis dos (o más) niños. Os escucho decir "son la noche y el día". ¡¡¡Afortunadamente!!! Nuevos desafíos que ponen a prueba nuestra capacidad de educar. Por eso ya no sirve aquello de... "Si yo les educo igual!" Si yo educara igual a Vaca y a Pollo os prometo que me saldrían hijos raritos, seguro!
Eduquemos en individualidad, respetando las necesidades de cada uno de nuestros hijos, que seguramente van a ser muy diferentes. A veces , unas más que otras, es difícil repartirse, pero todos sabemos que las mamás tenemos superpoderes. Sólo tenemos que organizarnos!
Es trabajo nuestro detectar esas necesidades, pero no debemos quedarnos en ellas. Observemos que aspectos queremos educar en nuestros hijos, que irán en función de la escala de valores familiar. Aún así, me aventuro a proponeros algún aspecto que sienta la base de la felicidad de nuestros hijos, como es la educación emocional. ¿Trabajamos lo suficiente en ello? Si la respuesta es no... ¡Ya tenemos deberes!
Estoy muy contenta de que hayas decidido escribir un blog, porque sé que nos puedes enseñar muchísimo en esta difícil, pero maravillosa aventura de ser padres.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu entrada y estoy deseando leer la próxima.
Besos.